Francis Salazar
Hay conversaciones en las que aparentemente estamos escuchando, pero en realidad estamos preparando la respuesta.
Mientras la otra persona habla, pensamos qué vamos a decir, cómo vamos a defender nuestro punto de vista o cuál será la solución que vamos a proponer.
Eso ocurre mucho más de lo que creemos, especialmente en posiciones de liderazgo.
Cuando un colaborador llega con una dificultad, es fácil entrar rápidamente en modo solución: dar una instrucción, explicar qué debería hacer o contar cómo nosotros resolveríamos la situación.
Pero escuchar de verdad requiere otra disposición.
Implica estar presentes en la conversación antes de intentar conducirla.
Escuchar para comprender
La escucha no consiste solamente en guardar silencio.
También implica prestar atención a lo que la persona dice, a lo que evita decir, a las emociones que aparecen y al contexto desde el cual está mirando una situación.
A veces, detrás de una frase como “no puedo con este proyecto” puede haber cansancio, falta de claridad, miedo a equivocarse, una dificultad con otro integrante del equipo o simplemente la necesidad de ordenar lo que está ocurriendo.
Si respondemos demasiado rápido, podemos terminar resolviendo un problema diferente al que la persona realmente estaba intentando expresar.
Por eso, una de las habilidades más importantes para un líder no es solamente saber qué decir.
Es saber cuándo todavía hace falta escuchar.
Una pequeña diferencia que cambia la conversación
Imaginemos esta escena:
Un colaborador dice:
“Estoy teniendo muchos problemas con este proyecto.”
Un líder podría responder:
“Lo que tienes que hacer es priorizar mejor y hablar con el área involucrada.”
La intención puede ser buena. Incluso la recomendación puede ser correcta.
Pero la conversación prácticamente termina allí.
Otra posibilidad sería preguntar:
“¿Qué es lo que más te está costando en este momento?”
La diferencia parece pequeña, pero abre un espacio completamente distinto.
En lugar de asumir qué necesita la persona, el líder le permite explicar, pensar y construir una mirada más clara sobre su propia situación.
Eso no significa que un líder nunca deba orientar o tomar decisiones.
Significa que no toda conversación necesita comenzar con una respuesta.
Escuchar también es tolerar el silencio
Hay algo más que suele resultar incómodo: el silencio.
Cuando hacemos una pregunta y la otra persona tarda en responder, muchas veces sentimos la necesidad de completar ese espacio.
Reformulamos la pregunta. Damos una pista. Empezamos a responder nosotros mismos.
Sin embargo, a veces ese silencio es justamente el momento en el que la persona está pensando.
Acompañar también significa permitir ese tiempo.
No todo silencio necesita ser llenado.
Algunas señales para observar en tu liderazgo
Quizás puedas preguntarte:
- ¿Interrumpo para completar lo que creo que la otra persona quiere decir?
- ¿Escucho para comprender o para preparar mi respuesta?
- ¿Doy soluciones antes de explorar qué está ocurriendo?
- ¿Puedo sostener unos segundos de silencio sin sentir que tengo que intervenir?
No se trata de escuchar perfectamente todo el tiempo.
Se trata de desarrollar mayor conciencia sobre cómo estamos presentes en nuestras conversaciones.
Una idea para llevar a la próxima conversación
La próxima vez que alguien de tu equipo llegue con un problema, prueba algo sencillo:
Antes de responder, haz una pregunta más.
Una sola.
Puede ser:
¿Qué necesitas de mí en esta conversación?
Tal vez necesite una decisión.
Tal vez una opinión.
Tal vez ayuda para ordenar opciones.
O quizá simplemente necesite ser escuchado antes de encontrar su propia respuesta.
Saber distinguirlo cambia profundamente la calidad de una conversación.
“Escuchar no es quedarse en silencio mientras el otro habla. Es hacer espacio para comprender antes de responder.”
— Francis Salazar.