José Porras
Cuando en una organización aparece la frase “tenemos problemas de comunicación”, es fácil asumir que la solución pasa por hablar más, reunirse mejor o hacer una capacitación.
Pero muchas veces la comunicación es solo la parte visible de algo más profundo.
Detrás de mensajes que no llegan, respuestas tardías, compromisos que se incumplen o conversaciones que se repiten, pueden existir otras situaciones: prioridades poco claras, roles ambiguos, decisiones que no se explicitan, falta de acuerdos, procesos desordenados o expectativas diferentes entre personas y áreas.
Por eso, antes de concluir que “el problema es la comunicación”, conviene mirar cómo se está manifestando realmente.
¿La información no circula o no está claro quién debe compartirla?
¿Las personas no responden o los pedidos llegan sin prioridad ni fecha?
¿Faltan conversaciones o faltan acuerdos sobre cómo trabajar?
La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la forma de abordar el problema.
Un equipo puede comunicarse mucho y, aun así, coordinarse mal. Puede tener reuniones frecuentes, mensajes constantes y múltiples canales, pero seguir sin claridad sobre responsabilidades, tiempos o prioridades.
También puede ocurrir lo contrario: equipos que no necesitan hablar todo el tiempo porque tienen acuerdos claros, mecanismos de seguimiento y criterios compartidos para tomar decisiones.
Entonces, quizás la pregunta no sea solamente cuánto se comunican las personas, sino qué tan clara y útil es esa comunicación para el trabajo que necesitan realizar juntos.
Mirar más allá del mensaje
Cuando aparecen dificultades entre áreas o equipos, puede ser útil observar:
Los acuerdos
¿Está claro qué se espera de cada parte, cuándo y bajo qué condiciones?
Las prioridades
¿Todos entienden de la misma manera qué es urgente, importante o puede esperar?
Los roles
¿Está claro quién decide, quién solicita, quién ejecuta y quién debe ser informado?
Los canales
¿Existe un criterio compartido sobre dónde se registran solicitudes, compromisos y decisiones?
Las relaciones
¿Hay confianza suficiente para preguntar, pedir ayuda, plantear desacuerdos o reconocer un error?
Mirar estos elementos permite ampliar la lectura. No para descartar que exista una dificultad de comunicación, sino para comprender qué la está sosteniendo.
Para pensar en tu organización
- Cuando decimos “falta comunicación”, ¿qué hechos concretos estamos observando?
- ¿Qué acuerdos estamos dando por entendidos sin haberlos explicitado?
- ¿El problema está en la conversación o en la forma en que organizamos el trabajo?
A veces, una organización pide mejorar la comunicación cuando en realidad necesita revisar prioridades, decisiones, responsabilidades o formas de coordinación.
Y otras veces sí existe una conversación que no está ocurriendo y necesita abrirse.
La clave está en no asumirlo antes de comprender.
Algunas claves prácticas
Traducir percepciones en hechos
“Nunca responden a tiempo” no significa lo mismo que identificar qué solicitud llegó, cuándo, por qué canal y qué plazo se esperaba.
Revisar los acuerdos de trabajo
Muchas dificultades se sostienen porque cada parte opera con criterios diferentes que nunca fueron conversados.
Observar dónde se pierde la claridad
Puede ocurrir al pedir, priorizar, decidir, ejecutar o hacer seguimiento.
Escuchar a las distintas partes
Cuando el problema involucra a más de un área, una sola mirada difícilmente alcanza para comprenderlo.
No todo problema de comunicación se resuelve comunicando más.
A veces, lo que hace falta es construir mejores acuerdos, clarificar expectativas, revisar cómo se toman decisiones o hacer más visible la forma en que el trabajo circula entre personas y equipos.
En ACT partimos de lo que la organización percibe, pero buscamos comprender qué puede estar ocurriendo detrás antes de definir cómo intervenir. Porque cuando entendemos mejor el problema, también podemos construir respuestas más pertinentes.